miércoles, 31 de diciembre de 2025

3. Cuando el silencio pesa

No sé qué me sucedió hoy. Hace tiempo no sentía este peso extraño, esta incomodidad que se confunde con inseguridad. Fue como si de pronto me invadiera la sensación de estar a la defensiva, de no querer tener siquiera la conversación.

Y entonces callé. Me refugié en un silencio largo, donde lo único que anhelaba era que me tendiera su mano, que me tocara apenas… y que después me abrazara, regalándome ese cariño que calma. Pero en lugar de alivio, sentí rechazo. No a su presencia, sino a la forma en que a veces usa las palabras, como espinas que hieren sin proponérselo.

Me sorprende lo mucho que, en un instante, puedo sentir ganas de partir. De tomar mis cosas, de volar lejos, como si quisiera huir del mismo lugar donde también sé que está mi felicidad. ¿Es real este amor? ¿O lo rápido de todo ha dejado grietas que ahora se revelan?

Qué contradictorio resulta: me abrió las puertas de su casa, me mostró a sus hijas, me hizo sentir parte de algo íntimo… y, sin embargo, en segundos, todo se tiñe de gris. La mayoría del tiempo me convenzo de que nos amamos de verdad, pero basta un instante áspero para que mi mundo se desmorone como si fuera de cristal.

Quiero correr. Quiero salir huyendo de este espacio que, sin ella, se convierte en sombra y vacío. Y me pregunto qué pasará cuando termine la película: ¿simplemente se levantará, se irá a acostar, y quedará la nada?

Entre amor y duda, ternura y desencanto, siento que mi corazón camina en un filo. A veces un solo gesto suyo basta para salvarme. A veces una sola palabra basta para derrumbarme. Y en esa contradicción vivo, amando con intensidad y temiendo con la misma fuerza perder lo que me sostiene.


Jorge




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